
13 de octubre de 2006
Un grillo posado sobre la madre de la piedra.

10 de octubre de 2006
Nunca olvidaré el vuelo de los pelícanos
En el mar
puedo sentir su aliento tejerse en el aire, por
el vuelo desnudo y simple de las gaviotas.
Lozano recuerdo: el espíritu como un pelícano.
A Marlen, hermana y compañera de vida.
¿Por dónde andan tus manos?
Antes eran tan torpes, anhelaban todo para tan sólo abandonarlo,
dejarlo allí perdido, botado, arrojado a medio andar.
Buscaste insaciable todo. Devorabas, como un monstruo.
Te fuiste secando. Invernaste hacia dentro.
Tu cuerpo sin vida ya nada respondía, enfermo,
padeció las más abruptas y oscuras apariciones…
Todo quedó callado… incluso yo.
Cuando la hoja cae al suelo ya no tiene nada que pensar,
ya no tiene que pelear, sólo rendirse, pudrirse,
morirse crujiendo en el fuego.
¡Te ha salvado la vida! Querida amiga, a ti, un beso te ha despertado.
Lo antiguo se te ha manifestado, tu mundo de antaño.
Fuiste como los árboles en el invierno.
Desnuda y fría. Morena y cansada.
¡Ni yo entre a tu mundo subterráneo!,
¡era tuyo, sólo de ti!
¡Mi valiente amiga, sólo la voz de tu voluntad es la que vale!
Y tu voluntad ahora, la veo en tus manos.
Están vivas, llena de callos y una que otra herida.
Querida amiga, ese beso, te dio la tierra, te dio tu vida.
¿Por dónde andan tus manos?
…oliendo hojas, quehaceres, a una niña…
…haciendo sonar el corazón de las ballenas
como el dulce gemido de tu alma.
Nuestro secreto
es la libertad, la libertad desde las raíces.
Queridas manos vivas de mirada verde,
me heredaste el color en una tarde de pelícanos.
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