“¿Qué pasa si quedamos atascados en una sórdida farsa?
Quebraré mi ventana – y aún a través de los barrotes –
saltaré fuera de mi propio retrato
¡rompiendo en pedazos el marco y el vidrio!”
.-Yevgeny Yevtushenko en su poema “Caminando sobre el tejado” (traducción de Javier Campos. Editorial Lom. Año 2009)
“No necesito ningún monumento.
Lo único que quiero es que mi Patria regrese a mí.”
.-Yevgeny Yevtushenko en su poema “Monumento a mí” (traducción de Javier Campos. Editorial Lom. Año 2009)
Apuntes sobre el vacío vicioso o el movimiento de retorno estéril de la retórica contemporánea de la aceleración:
Pienso que la retórica contemporánea que trabaja a favor de discursos históricos y de legitimación política-económica, es eminentemente egocéntrica, sedentaria en el “seudo dinamismo de la comprensión” que plantea, estancada en el eje de su movimiento circular acelerado.
Para mi, la retórica hoy en día es una antojadiza perversión por malversar y manipular tanto lo que se piensa y se dice, como a quien vive y comparte tal experiencia.
La retórica dice lo que no se puede decir en una sola línea o en un solo sentido, es en sí un recurso del giro, de la contradicción, una metáfora del lenguaje. Pero actualmente, hace rehuir al hombre de su memoria, de su posibilidad de reconocerse y sólo lo dispone (como un sujeto objeto) nada más que al placer de la palabra por la palabra, así como al placer de la imagen por la imagen (fetiche).
Dicho placer –el de la palabra por la palabra- es de antaño, pero actualmente, paraliza todo real cambio social posible. Este capricho por el mareo, por el vértigo, esta maña por el “sotto voce”, pulveriza todo real cambio social desde su hacer más concreto, desde su observación-reflexión más cotidiana.
Este fenómeno en que el hombre se enamora de sus propias palabras, se escabulle fácilmente en contextos de rememoración (identificación social), en contextos de solidaridad hacia discursos que suenan justos y dignos y que se perciben “de unificación” y en historiografías que archivan una memoria nacional, si se le quiere decir.
Entonces el hombre, se enamora de si mismo y de sus creaciones, las diviniza y se diviniza, en un altar les rinde culto y se rinde culto, pero oculto, negando este suceso, cohabitando hipócrita y mostrándose justiciero, sensato, meritorio, un “individuo esforzado o competente” desde el punto de vista del progreso. Un culto retórico sobre lo retórico se vuelve sobre si mismo, en tanto que remarca el ego, el modo, validando la misma repetición. Es un volver al hueco y sus tornasoles, al vicio del vacío, al hermoso drama, a la poética errática.
Entonces el hombre es individuo en su poética de la individuación. Llora sobre lo mojado, crea sobre creación, patrimonializa monumentos sobre monumentos, edifica grandes cosas en su mundo normalizado, en su poética estándar, en su ansiedad por la cima, en el apuro por la escritura, se acelera y acelera, acumula momentos y camina posteando, camina retóricamente, encerrando conocimientos, legitimando una memoria hegemónica y democrática, pluralista y unilateral, sí, democrática, una memoria tipo facebook.
Este es mi apunte por ahora.






