2 de agosto de 2009

NEMTL

A mi familia

No envidien mi tiempo libre

Porque a veces, yo me avergüenzo de él

Al poner en duda el sentido sin sentido de mi ocio.

No envidien mi tiempo libre

Ni luego vulgaricen a mis espaldas:

“mantenida, buena para nada”

Porque a veces, lo escucho,

Y eso, me distrae el paso.

No envidies mi tiempo libre

Ni me catalogues de egoísta

¡Porque todos somos egoístas!

Sólo que yo, no logro disimularlo.

No envidien mi tiempo libre

Porque a veces éste me golpea los ojos

Con luces que ofuscan,

Que enceguecen, y no sé soportar.

No envidies mi tiempo libre, mi tiempo egoísta

Porque es quizás un trabajo disfrutarlo,

Un peligro asumirlo

Porque quizás se precise, voluntad vivirlo.

Tú, no envidies mi tiempo libre

Porque él me ha hecho desheredarme de los dogmas más queridos,

Desarraigarme de la certeza más conmovedora,

Me ha hecho sacudir ridícula, las más hermosas ilusiones,

Las más seguras ideas de mi misma.

No, no envidien mi tiempo libre

Porque es de mansos aceptar que los miren en menos

Porque es indigno que piensen de ustedes:

Que no sirven, que no aportan.

21 de julio de 2009

Te obsequio




A Alejandra Natalia



Te obsequio mi silencio,
Que es grito y secreto.

Te devuelvo tu distancia
Sin lengua y sin mirada.

Te has cortado la lengua,
Y te han bebido el silencio.
Ha desaparecido, el oír de tus oídos.

Mi lengua, tararea el tiempo,
Canta, se calla y también grita
También en silencio.

Tu lengua
Se tumba en el piso,
Quiere anidar aplastada como chicle bajo tu chapín.
Tu boca, hace ruidos:
Hermosos balbuceos de niña,
Hermosas conjeturaciones, ¡dignas!,
De un digno individuo.

Mi silencio se vuelve doloroso
Porque mi concebir me prodiga la mirada,
Me fuga los ojos y me hace fallecer,
Cansada de tus ruidos,
De tu silencio sin mirada,
De tu encarnado vacío.

Hablas muy conveniente,
Hablas, como todo un individuo,
Individualmente,
Y entre nosotras
Se suspende este silencio,
Una cerveza-testigo
De mi desconfianza y tu cinismo.

Me recupero con el frío,
Me recupero
De éste saludo alzado que vela lo enfermizo,
Y me doy cuenta, que nuestro tiempo es frágil,
Que tu ruta es la de un individuo digno
Que caminará dignamente,
Que mi ruta,
Es de un dividuo
Que camina errantemente.

Me recupera un parpadeo
Y comienzo a aceptar que tus ojos
Ya no son los mismos.
Hoy, me parecen más cínicos,
Violentos y cansados.
Los míos, también se ven cansados,
Mas no obstante, desnudos,
Errantes de no pretender,
Errantes por la voluntad de configurar
Este tejido invisible
En nuestra mudez al decir: “¡salud!”.

Me recupero,
Y la red que construí
En tu sin pupila eyectada,
La extendí, para traer lo que me has dado
Para afectarme a mi misma en la belleza
Que ciertas veces me grabaste
Porque te antojaba ampararme.

Gracias.

Lo sé,
Ya no dirás nada, te arrojas
Deslenguada, sin mirada.

Me suspendo yo, en un roce,
En mi recóndito grito,
En mi íntimo silencio
Que hoy bordea
A aquellos que oyen la voz de la afonía
Pero no los ruidos,
A aquellos que andan
Sin un chicle de lengua pegado al pie,
Sino que con una piedra de tanto en tanto.

A aquellos, que entran por las puertas
Con los ojos abiertos,
Corriendo confiados por el llano
Como a ojos cerrados.

Vete ya sonriendo, vete ya jubilosa por tus certezas,
Alegre a la confirmación,
De que yaces, como un digno individuo.




*   *   *




¡Qué pena siento!
¡Qué derrota tengo en mí!


Un luto comienza a albergar mi corazón
Y en este silencio de tarde,
Mis ojos se resecan sin llorar.



***


La ciudad está bloqueada,
repleta de todo, excepto de ti y de mi.
No sé dónde ir para llorarte...
pero no me preocupo
porque mi cuerpo hallará su gesto,
halará su recogimiento.


Él sabrá que hacer con este desamparo,
él sabrá que hacer con este cariño no dado...


Derrotada, me dejo llevar por mi angustia sin censura, 
y me ubico empequeñecida, en una esquina
mirando hacia adentro,
hacia el vértice que desprende las líneas infinitas
que no dejan de chocar en mi. 


Lloro y me vacío, 
me desangro de lágrimas que no van a lugar alguno.
Se quedan mojándome, se quedan cubriéndome de caminos salados,
se quedan en mi,
provocando temblor y frío, 
agitándome, lavándome...


Entonces alzo la vista y el lugar se me aparece: 
soy yo, y este cielo estrellado. 


¡Esta inmensidad es mi lugar!
Esta claridad en mi, 
este es mi pequeño lugar. 


...

He hecho ya mi despedida.
Hoy, hay eclipse de Luna, mañana, Luna Nueva.



...


Se queda en mi
una gota de rocío.







16 de julio de 2009

Con-sidera

“La gente cree que la alimentación consiste en que el hombre come las sustancias de su alrededor, que las mete en su boca y luego llegan al estómago; que se “deposita” una parte y otra parte se va; luego la parte que se ha depositado es consumida y por tanto también se va, y que luego ésta es reemplazada nuevamente. Actualmente imaginamos la alimentación de una forma totalmente superficial. (…) Estas cosas debieran ser consideradas a fondo. Por no hacerlo hoy día tenemos esta separación entre teoría y práctica. La práctica actual está vacía de espíritu, es una mera rutina. Pero aquello que viene realmente del espíritu, no es impráctico sino que se torna eminentemente práctico.”

.- Rudolf Steiner.

EL PAN

Cierta vez Juanito oyó decir a su padre que el pan salía de la tierra, y que la tierra daba al hombre lo que se le pidiera. Todo era cuestión de un poco de trabajo y de tiempo.

Muy entusiasmado, Juanito se lo contó a otros niños, y todos se pusieron a cavar la tierra en el jardín para sacar pan. Al cabo de un rato lograron abrir un hoyo bastante hondo; pero del hoyo no salía más que tierra y algunas piedras, y nunca se veía el pan. Entonces los niños dijeron a Juanito que era un mentiroso. Juanito se puso muy triste y fue a decirle a su mamá lo que pasaba. Ella, entonces, lo tomó de la mano y lo llevó donde estaban sus amigos.

Al llegar, la mamá les dijo: “El pan no sale de un hoyo, sino de la tierra. En la tierra se siembra el trigo: después el molinero muele el trigo y lo convierte en harina y hace un amasa. Esta masa la corta en pedazos pequeños y la coloca en el horno para cocerla, y después de un rato, sale convertida en pan. Ahora saben ustedes –continuó diciendo la mamá- que para hacer harina se necesita trigo, y para que haya trigo se necesita tierra. Sin tierra y sin trabajo no puede haber pan”

.- Adrian Dufflocq Galdames.

10 de julio de 2009

Interior

Interior
tinta china y acuarela sobre cartulina
15 x 25 cm. app.
julio 2009
En el cotidiano me hallo,
en el cotidiano diáfano pulula mi canto.
...
Bondadosa el agua fluye
continúa recordando, continúa sucediendo,
sigue siendo, sigue estando.
...
Agua en la montaña: es hora de cultivar.
Un trueno en las profundidades de la tierra: es hora de retornar.
...
No voy. Me vengo, me devuelvo, me retiro.
Retorno a reposar a tu peldaño,
al calor de este cerro.
Sigo el camino.
Me vengo por el surco que fecundan mis pasos.
Me cierro como el tiempo, me abro como la tierra.

9 de julio de 2009

Nuestro juego, Antonio...

A Antonio.
Tía Carolina
tinta china sobre cartulina
15 x 25 cm. app.
julio 2009
Dibujo de Antonio
Nuestro juego
lápiz de cera sobre cartulina
25 x 15 cm. app.
julio 2009
Nuestro juego, Antonio,
es el del sonido, la forma fonética de la palabra,
su grafía cantora, el sin sentido de un signo.
Nuestro juego es
un antojo de sonrisa y balbucéo, de un
re-conocernos libremente,
tu con tu pene y yo con mis tetash,
tu en tus caravanas y yo entre mis redes.
Tu juego
nos ha trabalenguado.
¡Tan simple es como dibujas un círculo y lo deshaces!

Apertura

A Juan Mastrantonio
Apertura
lápiz de cera sobre cartulina
15 x 25 cm. app.
julio 2009
Bajo el umbral de mi ojo
escucho una resonancia,
una canción
que se alza
como un trazo.
Quizás
soy el eco
del roce de lo distante,
un algo que late
bajo tierra,
un alguien navegando
en el útero de mi madre.
Soy eco y lugar.
Una escultura: presencia y vacío.
Un nombre
que se abre en partituras.

Anna Trinidad

Anna Trinidad, la oveja
tinta china y acuarela sobre cartulina
20 x 10 cm. app.
junio 2009

Tu siesta conmigo

Tu siesta
Acuarela y tinta china sobre cartulina
10 x 20 cm.
junio 2009
Me quedo en nuestro tiempo de lluvia,
en nuestro silencio sin tiempo.
A veces, tengo la impresión de que por mi garganta,
a través del intento de mi lengua
tu voz pasa queriendo nombrarme y,
aparecemos
y desaparecemos
en un viaje hacia el interior de tu sangre,
tus fluidos humanos...
¡Cualquier viaje -me dices-, y allí voy!
en el aquí contigo
hasta habitar lo que no se llama,
hasta no sé dónde
pero contigo, pero conmigo,
y con nosotros dos, y con nosotros uno,
algo así como con-fundidos
en una claridad
bajo la lluvia.

4 de julio de 2009

Autorretrato imaginado: como despertando de la ilusión de mi misma.

Autorretrato imaginario
Tinta china, acrílico y lápiz pastel sobre hilado 9
39 x 55 cm.
Junio del 2009
detalles

12 de junio de 2009

Pamela

Pamela
Tinta china, acrílico y lápiz pastel sobre hilado 9
39 x 55 cm.
Junio del 2009
detalles

De mi camino hacia Ersilia

Viví en Zaira, escalonada, embarandada, pétrea y escurridiza como agua o luz.
Zaira ya no me dice nada, pero me contiene como membrana en el ángulo de sus calles, en sus pedazos antiguos aún en pie o ya extinguidos, me contiene como viento y herida, colgando de balcones, tarareando con sus alcohólicos charangueros. Así me tiene Zaira, a la suerte del Sol, secándome, pronunciando al aire aclamaciones compulsivas como el sollozo de un niño. Así me contiene Zaira, como un surco, cruzada en sus signos.
Pero, Zaira, ¿serás tu como Zora?
¡Pero Zaira, no te pongas triste!, Zora y tu pueden tomarse de las manos y caminar por allí, por allá, a lo lejos lejos.
No existen las despedidas, sólo instantes que se tejen y destejen.
¡Vayan, vayan juntas!, jueguen su juego de seguir al Sol.
. . .
Zaira y Zora se han ido, sus destinos yacen en su unidad. Desde ahora, son inseparables.
. . .
Estuve en Ottavia, suspendida como una nube, como cascada abrupta y gotéo silencioso, pero caí por su agujero, un surco que soy yo misma y también él.
Hoy vivo en Ersilia. Ersilia... en ella he sido nada desde que llegué, varias veces...
Varias veces... una, dos, tres, quizás diez veces.
Busco una forma.
Ersilia es en mi un cada día, un cada día, cada día.

Intuición

Intuición
Lápiz acuarela y tinta china sobre papel de grabado canson
9 x 15 cm.
junio del 2009
La Pamela se hace Alejandra, se toma a su Alejandra. Gastón le da la mano a su Damián y la Carolina trenza a la Trinidad. El Erick se hace Herman, el Alejandro mira al Octavio y la Patricia le sonríe a la Irene.
. . .
Sol y Luna pueden besarse. La flor es un trapero y el trapero es una flor.
La poesía se resguarda en los colores y proporciones de los vegetales que se cocinan en la olla, se escabulle por entre los platos con grasa y los que están ahí mojados, se acurruca verso a verso en el paño de platos... mimándolo todo.
¡Aquí está la poesía!, salpicada en la alfombra y en las paredes de la taza del water, achurruscada en el papelero del baño, en el desliz de la aspiradora, en el sonido de la escobilla roja que limpia mis sostenes con barba y el cuello de las camisas de mi padre.
¡Por aquí aparecen los versos!, reconociéndome coquetamente con una sonrisa, cerrándome un ojo, saliendo corriendo o pinganilla dándome un coleto.
Asi nos habitamos yo y la poesía, nos desplazamos como pigmento sobre el papel y nos desnudamos en el canto.

Escuchar y Cantar

Escuchando
Acuarela, lápiz pastel y tiza sobre cartulina de color
9 x 15 cm.
junio del 2009
El oído-poro se abre para escuchar, su nariz respira el aire que lo dilata y se incuba como silencio, fecundándolo. Tres veces hacia adentro. Nace el primer latido.
Cantando
Acuarela, lápiz pastel y tiza sobre cartulina de color
9 x 15 cm.
junio del 2009
Sueños heredados: fonética de la oración y el silencio.

Desgraciado infeliz

Desgraciado infeliz
6B, lápiz acuarela y tinta china sobre papel diamante grueso
15 x 18 cm.
junio del 2009
El desgraciado infeliz es un hombre-mujer que contiene a todas las personas que conozco. Tiene rasgos de todos aquellos que representan, de alguna manera, mi piel vieja. Haber hecho a este desgraciado infeliz es mi forma de cerrar un vínculo con todos ellos y con eso que fue de mi con ellos, en fin, es cerrar lo que fue, como una despedida. Este desgraciado infeliz es un hombre-mujer que vive preocupado por sus d(e)udas, sólo por eso. Su delirio es él mismo, es su propia confusión, su continua retorción y malformación de si. Es ahogo y miedo, la certeza de su irrealidad, ilusión encarnada, un sufrimiento antiguo.